La cita, once de la mañana del 17 de Enero enfrente del bar Tintín. Después de unos días pendientes del cielo -lloverá o no lloverá- parece ser que el tiempo nos ofrece una tregua.
Aunque hace frío, el cielo aparece totalmente limpio. Un grupo de unas quince motos se pone en marcha.
Desde el asiento trasero de una R69S, posición privilegiada, se puede ver las caras de "niños traviesos con sus juguetes preferidos".
Bormujos y Gines ya quedaron atrás mientras un motorista nos grita con una gran sonrisa "¡No corráis mucho...!". En Salteras un cruce a mano derecha, nos lleva a una carreterita preciosa, dirección a Gerena.
¡Que gran satisfacción oír como suenan estas máquinas!
Orgullo es lo que se lee en los ojos de sus afortunados propietarios y sabiendo que muchas de ellas solo eran un montón de piezas sueltas dentro de un cajón, no es de extrañar.
¡Cuántas horas de trabajo...! ¡Que cantidad de mimos y desvelos... !
Al llegar a Gerena, subiendo por una calle empedrada, nos encontramos con un tubo de escape en el suelo...
¿Cómo puede ser que se caiga un tubo de escape?
Su dueño aparece calle arriba y, entre risas, recoge la pieza del suelo, "con cuidado que quema...".
Bueno, "son cosas que pasan". Con una tuerca, una arandela y un tornillo, todo solucionado.
En la plaza del pueblo, parada. Cervecita y charlas obligan. Las motos, perfectamente alineadas, son la atracción de todos los que pasan por allí. Seguramente, mas de uno de los curiosos que se acercan nos podrían contar mil batallas de "cuando yo tenia una moto como esta..."
"¿Conoces la carretera de Gerena a El Garrobo?" Me preguntan. "Ahora empieza lo más bonito"
Y qué razón tenía. Una carretera revirada entre olivos y alcornocales. Pilotos y máquinas estaban como peces en el agua. Catorce kilómetros donde se vio que saber conducir no quiere decir ir siempre a tope. La experiencia y los kilómetros, recorridos durante años, se tradujeron en un estilo de conducción totalmente relajado y seguro, donde la anticipación y las trazadas perfectas sacaban todo el jugo a estas máquinas con más de cuarenta años.
Todo un lujo. ¿Qué más se puede pedir de un sábado de Enero?