Como en otras ocasiones que habíamos salido hacia Cádiz, quedamos citados en la gasolinera situada enfrente de la venta Ruiz a las 9,30 hs.
Allí fueron llegando los osados socios de RETROCARD - incluso muy osados - puesto que el día no presagiaba nada bueno. Pero, por otra parte, pensamos que en París o Londres también deben existir otros clubs, que no se echan atrás por cuatro gotas; el problema lo creamos nosotros, debido quizás a esta maravillosa tierra que nos tiene acostumbrados a tan poco agua.
Pasadas las 10,15 hs. a toque de afónica trompeta partimos hacia Jerez. Después de comprobar que los limpiaparabrisas, con trabajo, nos despejaban malamente la visión, fuimos llegando uno tras otro al cruce de Las Cabezas donde nos esperaba un reconfortante cafelito acompañado de una energética "tostá de manteca colorá".
Esto nos sirvió a más de uno para ver el camino de otra forma; habíamos vencido al tiempo.
En algún asomar del sol, los campos se nos mostraban espléndidos, con un verde de vida nueva y esperanzadora Primavera.
Después de disfrutar de la campiña y del rugir de nuestros nobles motores, llegamos a Jerez, reagrupándonos en la entrada. Allí estaba ya un amigo de Cádiz que se nos unía con un impresionante Rolls Royce al recorrido por la ciudad. Poco a poco, semáforo a semáforo, rotonda a rotonda, fuimos atravesando las calles, siendo nuestros vehículos objeto de cientos de miradas quizás recordatorias de otros tiempos y viejos amigos.
Así llegamos a la Alameda Vieja, un descanso bien merecido para nuestras queridas máquinas.
Ahora éramos nosotros los que nos disponíamos a mirar mas atrás en el tiempo.
Ante nuestros ojos se nos presentaba el Real Alcázar, con sus baños árabes, mezquita y jardines y, como colofón, la cámara obscura desde, donde a pesar del día gris, podíamos divisar la vida de Jerez; todo ello explicado sabiamente por dos amables Srtas.
Bueno, una vez terminada la visita y como el programa mandaba, partimos otra vez, ahora en dirección del circuito de Jerez, que esperamos algún día poder visitar para disfrutar de un acelerado rodaje por su asfalto.
Sin lugar a dudas el emplazamiento del restaurante era muy bueno: lástima que el día no acompañó y no pudimos disfrutar como se esperaba del paisaje.
Una vez colmadas nuestras ansias culinarias, partimos hacia Sevilla con nuestros tesoros incansables y dejando atrás una jornada que cuyo fin principal, como la de todas nuestras salidas, fue fomentar la amistad y diversión de un grupo de personas unidas por una misma afición.