Como en cada salida, nos encontramos vehículos de todo tipo. Esta vez se podían clasificar en dos grupos: los que suben y bajan y los que sólo bajan. Un seiscientos y un dos caballos entraban dentro de este último grupo. Sus dueños no eran conscientes de que la excursión era por la sierra de Cádiz. Pero la fiabilidad de las máquinas estaba por encima de su poderío. Ni un solo problema a la ida ni a la vuelta.
Un precioso día de primavera, acompañado el sol por un viento que refrescaba el ambiente, animó esta salida serrana.
Desayuno en Montellano; parada en Villaluenga del Rosario, después de pasar por El Bosque, con visita a una fábrica de queso payoyo, típico de la zona. En la plaza donde aparcamos nuestros vehículos tuvo lugar un aperitivo protagonizado por el indicado queso, el pan y el tinto en bota que corrió, de mano en mano, entre los asistentes. Esmerado servicio de bar.
De allí, enfrentándonos a un rally que venía en sentido contrario al de nuestro recorrido, llegamos a la Venta Los Alamillos donde despachamos un almuerzo ancho y largo basado en productos propios del lugar.
Después, por el puerto de Las Palomas, vuelta a casa. Algún despistado, a bordo de un utilitario popular de los años sesenta, que hizo una ruta de vuelta diferente, contaba en la parada intermedia que hicimos en Algodonales para reponer fuerzas, que se había encontrado con el mismo rally de la mañana, esta vez en el mismo sentido y, si no porque el otro se había picado, había estado a punto de adelantar a un Porsche 911.
Así que, para terminar el día, casi una historia de cazadores o pescadores.